Y llegue. La vi extraña. Pero no caí en la cuenta de que antes, otros días, podría haber estado así. La noté muy metida en varias conversaciones, queriendo ser el centro de atención en todas. Pudiera parecer que no estaba atenta, pero observaba interesada y no perdía detalle de ninguna, para responder u opinar en aquella en la que hiciera falta. Que todo el mundo la mirara que todo el mundo la escuchara y, sin que ella lo dijera, que todo el mundo la alabara.
Se lo noté por su cara, sobre todo. Esa cara de saber que hacer, de autoconfianza en si misma, quizás demasiada.Esto no debería haberme importado, como a los demás, pero talvez a mi si porque me di cuenta. Intente apartarla, comentándola algo. Rápidamente “medio” me contesto, porque debía aparentar con todo el mundo, pero se fue; siguió en las demás conversaciones. En aquellas en las que había más gente. Mejor, cuanta más gente la viera, más gente que se diese cuenta de que ella sabia.
Opte por retirarme y pensar en porque a veces viene con el ego subido, me pareció a mi, como si solo fuera ella y los demás debieran olvidar sus cosas y prestarla atención. Se sentía segura de si misma, que el resto sintiera que ella estaba allí con todo su esplendor, con plena autoestima y sin importarle nada acerca de los demás, solo ella. Estoy seguro que arremetería contra el primero que quisiera quitarle su protagonismo, aunque fuera incluso con causas tristes, con algún problema. A ella no le importaría el porque, sino el hecho de que la quitaran ese protagonismo que, a veces, tanto ansiaba.
Y que yo no entiendo.