domingo, 24 de mayo de 2009

Ingenuo

Ingenuo de ti, te creías halagado porque simplemente se sabían tu nombre. Pensabas que no debían saber como te llamabas, pues no hablaban nunca contigo. Y de repente, oyes como lo pronuncian, te sorprendes porque ellos no deberían de saberlo, aunque tú sepas perfectamente como se llama él o ella y el nombre de la mayoría de sus amigos y amigas. Entonces, una sensación rara te invade la cabeza, te sientes algo más importante, más respetado. Y si la persona que apelaba tu atención, la tenías más presente de lo normal, te sentías hasta querido.
Todo ese cúmulo de apariencias, sensaciones que volaban tu mente, en el instante en el que tu nombre era pronunciado, eran demasiado exageradas, pues habían tenido origen en la simple enunciación de tu nombre por alguien que conocías de vista. Y lo conocías casi por obligación, porque ibais al mismo sitio. Pero te daba igual pues te sentías a gusto, pensabas que porque supieran como te llamabas te tenían en consideración; alguna vez tenían que haber pensado en ti. “Si seguro que habían pensado en mi en algún momento”, te repetías incesante.

Y todo esto se producía porque esperabas que la gente hiciera igual que tu. Porque aquella persona, que sabia tu nombre más bien de casualidad (seamos francos), si que estaba presente en tu cabeza. Fantaseabas con que podríais haber llegado a ser amigos. Pero sin decir nada todo estaba mejor, parecía real. No ibas a ser tú el primero que diera el paso.

Y cuando oíste como te llamaban, creíste que ese era el momento, que había llegado la hora de que tus ilusiones formaran parte de tu realidad…

sábado, 16 de mayo de 2009

Otro lado.

Que respondes a la pregunta: ¿Qué harás con tu cuerpo cuando mueras? Realmente la pregunta no es esa sino que te gustaría que hiciesen con tu cuerpo cuando tú mueras.
Pues bien, tienes la común opción de estar cómodamente tumbado/a a “nosecuantos” metros bajo tierra. No se como se debe estar, pues si lo supiera tal vez no lo contaría escribiendo en un blog, más bien lo haría por señales espirituales o fenómenos paranormales. Lo único que puedo deducir es que ahí abajo se tiene que estar muy fresquito. Pasa algo parecido, pero en menor medida, cuando metes los pies bajo la arena de la playa y estos te descansan, pues imaginaos con mayor profundidad…
En el otro lado, está la incineración, algo totalmente contrario a lo anterior, pues seguro que hace un calor abrasador…
Mira que gracioso método de selección se me ha ocurrido, si eres una persona a la que le gusta el calorcito, te hubiera gustado vivir o vives muy a gusto en un país donde normalmente hace bastante calor, lo tuyo es la incineración. Por el contrario, si eres una persona amante del frío, de los días grises y lluviosos, o si simplemente no toleras demasiado bien el calor, lo tuyo es la inhumación.
Yo, puede que por lo pronto done mi cuerpo a la ciencia, como escuché el otro día a unos ingleses que residían en España y que donarían su cuerpo cuando mueran para que la ciencia avance.