Me percaté de la soledad. Leyendo esas palabras me sentí solo, pero no en ese mismo momento, mientras mis ojos leían aquellas palabras unas tras otras. Percibí la soledad, la sentí con perspectiva de futuro, me veía solo a medio largo plazo.
Lo peor de todo es que sentía que me quedaría solo por mi culpa, si quizás yo había tenido la culpa, aunque las cosas no son como uno siempre las espera.
Fue un mal sentimiento, tanto que gotas gotas de sudor frió recorrieron mi mente. Y después se me escapó una pequeña lágrima, fue tan solo una porque no me lo quería terminar de creer y porque sentía un poco de esperanza en que esa soledad no llegaría nunca, quizás si pudiera ponerle remedio. Pero, por mi naturaleza, esa pequeña esperanza se fue apagando.
Tragué saliva, pues las imágenes que pasaron por mi cabeza en ese preciso momento no eran fáciles de digerir.
Y después de este mal rato, quité del medio esas horribles palabras que me habían traído el recuerdo de lo que era la soledad. Y ahora, aunque no las vuelva a ver, esa sensación vuelve a mi cabeza. Ahora tan solo me queda el recuerdo de lo que sentí. Y es suficiente con eso. Recuerdo de mi soledad.

