Hola, querida. Pensando, pensando me doy cuenta de que en nuestra vida pasamos muchas horas a la espera. Pasamos horas y horas a la espera de unos resultados, a la espera de que un familiar salga de una operación, a la espera de una contestación... La vida se vuelve rutina porque la mayoría de nuestro tiempo lo invertimos en esperar. El tiempo de espera puede ser corto o largo, tan largo que sea eternizante y nos acabe por desesperar. Y en esas largas esperas nos puede dar por pensar. Algo increíblemente malo, porque el tiempo se congela y los pensamientos negativos nos invaden la cabeza. Pero no sabemos cuando acabara todo, tal vez sea pronto o tal vez sea tarde. Esa incertidumbre nos evoca a nuestra mente y cuerpo a otra espera, quizás interminable. Y sumidos en otra espera, nos limitamos a acostumbrarnos a esperar.
Yo por mi parte sigo esperando algo maravilloso de la vida.
jueves, 20 de septiembre de 2007
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